Caso: “Descubriendo las barreras invisibles: el relato de una mujer en su búsqueda por perder peso”
Caso: “Me rindo, no pierdo ni un gramo.”
María José, una mujer de 47 años, se encontraba en una encrucijada: a pesar de su dedicación a una dieta cuidada y su constante actividad física, su peso seguía siendo un obstáculo insuperable.
Sabemos que son muchas las variables que pueden estar involucradas en el bloqueo del metabolismo y que dificultan la pérdida de peso. Sin embargo, quisimos investigar qué historia nos contaban específicamente las células que estaban reteniendo este peso.
Apertura de la constelación familiar
Así, realizamos una constelación familiar en la que una de las participantes representaba a la clienta y otra representaba a las células o a la parte del ser que no se movía.
Diálogo con sus células
La representante de la parte de su ser (o células) que no se movilizaban se encontraba en una posición rígida y contraída, como cuando una persona se prepara para enfrentar una amenaza o resistir un golpe. No podía moverse y apenas permitía ser tocada.

Manifestaba, además, que estaba sosteniendo una gran carga y que necesitaba liberarse de esa densidad y “peso”. También pedía más cuidado y protección, y le pedía a la clienta: «Necesito que pongas las fronteras antes, que me cuides y protejas, y que no me llegue tanto hasta aquí. Si recibo todo esto sin que tú lo pares, tengo que contraerme para sostenerlo, y entonces me quedo inmóvil, en contracción permanente, no puedo relajarme. No hay un espacio seguro para mí, por eso no puedo moverme».
Podíamos percibir que esta parte del ser, estas células, estaban encargadas de la sensibilidad. Y la sensibilidad necesita un espacio seguro para manifestarse.
Ir al origen
Nuestra clienta era consciente de que sus fronteras quedaron rotas años atrás, y que tenía gran dificultad para poner límites o confrontar los comportamientos y actitudes de determinadas personas. Al no hacerlo, estos comportamientos y actitudes, que su ser percibía como agresivos, llegaban al núcleo de su ser sin ninguna protección, dañando su sensibilidad y la expresión libre de la misma.
Estas células, al recibir y contener esta agresión, permanecían permanentemente rígidas, inmóviles, con una actitud defensiva debido a la ausencia de capas protectoras previas. Esta parte de su ser, encargada de esta tarea, que inicialmente no le correspondía, no podía manifestar fluidez ni movilidad.
La imagen de solución
Era por tanto necesario reencontrar la fuerza para reconstruir las fronteras que fueron rotas, y recuperar la capacidad de confrontar aquello que su sensibilidad pueda percibir como amenaza o restricción a la expresión de su ser.
Ella debe convertirse en ese ser que se cuida y protege a sí misma, que cuida y protege lo más tierno de sí misma, su núcleo central, sensible, para que este encuentre el espacio donde pueda moverse y expresarse relajadamente sabiendo que está seguro, cuidado y protegido.
Reflexiones extra
En muchas ocasiones, las situaciones traumáticas de la infancia o adolescencia, si además han sido prolongadas en el tiempo, ya sea en la familia o en la escuela, o ambas, generan un estado de estrés interno permanente, donde el individuo (el cuerpo) ha aprendido a sostener el dolor y “sobrevivir” desde la contracción y la rigidez. La continuidad de este estado interno, como forma de estar presente en el mundo, permite una “vida normal externamente”, pero pagando el precio de que el metabolismo quede comprometido, cada vez más, especialmente cuando se añaden más situaciones emocionales dolorosas, toxicidad alimentaria o por sustancias, y los propios cambios debidos a la edad.
Por tanto, la invitación, desde la perspectiva de las constelaciones familiares, y con el objetivo de ayudar al cuerpo en sus funciones naturales, es resolver toda memoria de trauma y bloqueo que esté grabada en el cuerpo.








