Inteligencia emocional v.crecimiento personal: «Dime qué sientes y te diré cómo piensas».

Inteligencia emocional y crecimiento personal, dos conceptos para expresar una misma idea, cómo mejoro mi relación conmigo mismo y cómo después esto se convierte en una mejora de mis relaciones con los demás.
¿Por dónde empezamos?
El mejor inicio es el de la observación: observar mi mente, mi comportamiento, mis reacciones.
Darme cuenta de cuántas veces aquello que hago es diferente a lo que querría. Y también aquello que siento.
Y si ando un poco más lejos, puedo alcanzar a preguntarme ¿de qué naturaleza son mis pensamientos? ¿tengo capacidad de decidir aquello que pienso?

Parte de mis pensamientos se refieren a mi interpretación de la «realidad», es decir, mi interpretación de aquello que sucede (o de lo que no sucede).

A esto yo le llamo «realidad», por supuesto, «mi realidad». Pero, ¿soy consciente de cuán condicionada está mi interpretación? Condicionada por mi pasado y mis miedos.
Observar esto es un buen punto de partida porque es lo que hace cumplir la siguiente fórmula, muy matemática ella:
«Dime cómo piensas y te diré cómo sientes».

Si lo inviertes, también se cumple:

«Dime qué sientes y te diré cómo piensas».

Así, está claro que para cambiar el resultado de la ecuación tienes que cambiar una de las 2 variables, pero hay una que es derivada de la otra, y ésta es «tu estado emocional». Así es, tus emociones son el resultado de tus pensamientos.
Así, lo que hay que cambiar son los mecanismos de generación de pensamientos, hay que operar en la mente.
Y la buena noticia es que esto ES POSIBLE.
Requiere atención, intención y entrenamiento, pero sobretodo requiere PROPÓSITO.

¿Cuál es tu propósito?