Las leyes básicas de la conciencia individual

Conciencia personal: tres principios

1. Pertenencia para la conciencia personal
La conciencia personal es algo que sentimos a nivel individual: si me siento culpable, una de mis reacciones puede ser de intentar poner orden a las cosas y deshacerme de la desagradable sensación.
Los orígenes de esta conciencia personal se remiten a nuestra primera infancia, cuando de niños nuestro deseo era pertenecer a nuestra madre y más adelante a nuestro padre. Es un instinto profundo. Y asegura la supervivencia. Gradualmente cuando crecemos nos vamos vinculando a un grupo mayor y aquí adquirimos una identidad social. Formar parte de un colectivo social satisface nuestra necesidad de sentir que tenemos un sitio y una posición en el mundo.
La necesidad de pertenencia es tan grande que cuando salimos de nuestra tierra natal normalmente exageramos los rituales que definen nuestro grupo de origen. Esto es porque todos necesitamos pertenecer a un grupo. Cada grupo es un sistema que proporciona una sensación de pertenencia y se rige por nuestro sentido del bien y del mal. Todo lo que hacemos, de acuerdo con los dictados de nuestra conciencia personal, fortalece o debilita nuestra unión al sistema. Si hacemos algo que pone en peligro nuestra pertenencia, tenemos mala conciencia, nos sentimos culpables y esperamos un castigo. De hecho, a menudo acogemos el castigo porque nos absuelve de una de las peores condenas que puede infligirnos cualquier sociedad: la exclusión.

La sensación de pertenencia y lealtad que sintamos hacia cualquier individuo o grupo dependerá de cuán importante sean para nosotros esas relaciones.

2. Equilibrio para la conciencia personal
La sensación de equilibrio tiene que ver con la reciprocidad. Significa que cuando te dé un regalo, sientas ganas de darme algo a cambio.
Si el intercambio tiene una cualidad juguetona o amorosa, nuestra relación se profundiza y dan ganas de hacerla crecer, y es de uno de los principales mecanismos para mantener a las personas unidas.
Casi siempre estamos en deuda con alguien que nos ha dado algo, o alguien está en deuda con nosotros, aunque sea con pequeños detalles que delatan que existe una relación. Frente a la recepción de un regalo sentimos ganas de dar algo cambio, y este algo puede ser “gracias”. De la misma forma, para mantener el equilibrio de una relación debemos aceptar cuando alguien nos agradece algo.
El equilibrio también se manifiesta de forma negativa. Cuando nos sentimos heridos, se activan las ganas de “ajustar cuentas”. Nuestra conciencia personal nos empuja para que hagamos pagar a cualquiera que haya cometido con nosotros alguna injusticia. La necesidad de venganza no conoce fronteras, religiones o diferencias tecnológicas.

3. Orden social para la conciencia personal
El orden social se refiere a las exigencias reconocidas colectivamente y obedece a determinadas normas que rigen el comportamiento y los modales en los escenarios sociales de cualquier grupo. Este aspecto de la conciencia personal es el menos vinculante de los tres principios. Se refiere a formas de vestir, de comer, de coger los cubiertos,…

Transgredir la conciencia que tiene que ver con el orden social suele generar menos culpa que los otros dos principios y se supera mucho más fácilmente, aunque también nos puede afectar profundamente.

Resumiendo los efectos de la conciencia personal: hace que me sienta culpable cuando voy en contra de las normas de conducta; me induce a arreglar las cosas cuando hago algo mal, a devolver algo a cambio de lo que recibo, a vigilar de que encajó en el orden social y que me comporto correctamente en el lugar y momento adecuado.

Conciencia colectiva: tres leyes

La conciencia colectiva es una fuerza escondida e insidiosa, mucho más poderosa. Funciona de forma invisible. Si vamos en su contra, no anuncia su presencia con una sensación de culpa; somos inconscientes de su origen y existe sin que la podamos identificar directamente.

La conciencia colectiva opera desde el interior de la familia como ente y lo hace sin que sus miembros lo sepan. Y se rige por unas leyes.

1. La ley de Pertenencia para la conciencia colectiva
Todos los miembros de una familia tienen el mismo derecho a formar parte de esa familia, con independencia de quiénes sean, cuándo hayan llegado o qué hayan hecho.
Eso incluye: alguien superdotado, un enfermo, un discapacitado, alguien con problemas de sociabilidad, alguien que haya muerto joven, alguien que se haya suicidado, un bebé no nacido. Todo el mundo debe ser incluido y respetado de la misma forma.

2. La ley de Jerarquía para la conciencia colectiva
En un sistema familiar, los miembros de la familia están ordenados según su llegada a la familia. Los primeros ocupan un rango superior al de los que vengan después. Los parientes antiguos tienen prioridad sobre los jóvenes, la primera mujer de un hombre ocupa el primer lugar, y la segunda mujer va antes que la tercera,…
El orden cronológico tiene prioridad absoluta.
Este instinto de orden sale a la luz cuando, sin respetar su posición, algún miembro de la familia se sale de su sitio o actúa por encima de la posición que le corresponde.

3. La ley del Equilibrio para la conciencia colectiva
Cualquier injusticia cometida con un miembro de una generación anterior, o cometida por un miembro de dicha generación, tendrá que compensarse con los actos de un miembro ulterior de esa misma familia.
En el sistema familiar existe una fuerza mucho más poderosa que la conciencia individual. Esta fuerza nos lleva a pagar, no nuestras acciones, sino las de nuestros antepasados. Cualquier acto negativo que se haya producido en el sistema familiar en el pasado y que no haya sido compensado se manifestará en generaciones ulteriores.
Esto no es una ley moral, es una observación existencial.
Según esta ley, lo que sucede en el sistema familiar es que si un miembro de la familia no se responsabiliza de sus actos, otra persona de la familia lo hará por él. La conciencia colectiva traslada la carga de la responsabilidad de generación en generación hasta que sea atendida, reivindicada y cancelada.

Con la conciencia personal, me siento culpable; con la conciencia colectiva, me siento arrastrado por una fuerza inconsciente a compensar algo de una persona de mi familia a quién, quizás, ni siquiera conozco.

El crecimiento individual depende de nuestra capacidad de autonomía pero la conciencia colectiva sólo nos permite conseguir esta autonomía hasta cierto grado, pues debemos estar dispuestos a cargar con un determinado destino que recibimos junto con la vida, y que tiene que ver con la familia de la que formamos parte.

El desarrollo de la conciencia personal tiende a crear distintos valores dentro de un grupo, fundados en la creencia de que ciertos miembros tienen más derecho de pertenencia que otros.

La conciencia colectiva trata a todos los miembros por igual, ignora cualquier diferencia y procura el bienestar y la supervivencia del sistema en su conjunto. Esta ley protege el derecho de pertenencia de todos los miembros de la familia y también sitúa a todos los miembros en su lugar correspondiente en el sistema.

Constelaciones familiares nos muestra que la conciencia colectiva es mucho más poderosa que la conciencia personal y puede ser la razón de que la gente haga cosas que van en contra de su conciencia personal para cumplir sus leyes.

Cualquiera que desee superar los enredos de sus vínculos familiares tendrá que empezar por comprender la conciencia colectiva de su familia y armonizarse con ella. Al restablecer el equilibrio, cuando todo y todos hayan recuperado el orden adecuado, y sólo entonces, nos sentiremos libres para explorar nuestras diferencias personales.

Fuente: “Las raíces del amor, constelaciones familiares” – Svagito R. Liebermeister  / Gualaab

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  1. […] (o por causas traumáticas), sea cual fuere la razón, lleva a la repetición. Esto responde a la Ley Universal de Pertenencia, por la que nadie puede ser expulsado, consciente o inconscientemente, de un sistema. Y el olvido y […]

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