Los órdenes de la ayuda

La ayuda como dar y tomar

Ayudar es algo muy humano. Cuando ayudamos a los demás, podemos aceptar mejor lo que hemos recibido de otros. Cuando recibimos sin dar a cambio, entonces se nos dificulta retener lo que hemos recibido. Cuando también damos, podemos quedarnos con gusto y sin ataduras con aquello que se nos dio.

El primer orden de la ayuda es que uno sólo da lo que tiene y sólo espera y toma lo que realmente necesita. A muchos ayudadores puede parecerles duro el destino de alguien y desearían modificarlo. Pero muchas veces, no porque el otro lo necesite o desee, sino porque a ellos mismos les resulta difícil soportar este destino. Cuando el otro, a pesar de todo, se deja ayudar por ellos, esta ayuda se convierte en un tomar, y el aceptar la ayuda en un dar.

El segundo orden de la ayuda es que uno se somete a las circunstancias, y sólo interviene hasta donde ellas lo permitan. Esta ayuda se contiene y tiene fuerza.

El tercer orden de la ayuda es que ante un adulto que viene en busca de ayuda, el ayudante se presenta también como adulto. De esta forma rebate los intentos de ser colocado en el papel de madre o de padre. El desorden en la ayuda consiste aquí en permitir que un adulto demande al ayudador tal como un niño lo hace con sus padres, y permitirle al ayudante tratar al cliente como si fuera un niño, asumiendo en su lugar asuntos cuyas responsabilidades y consecuencias únicamente él puede y debe asumir.

En el cuarto orden, el ayudante mira al individuo como parte de una familia. Sólo cuando el ayudante lo percibe como parte de su familia, también percibe a quién el cliente necesita y a quién, quizá, le debe algo. Es decir, la empatía del ayudante ha de ser menos personal y más sistémica. La ayuda al servicio de la reconciliación sólo es posible para quien inmediatamente da un lugar, en su corazón, a la persona de la cual el cliente se queja.

El quinto orden de la ayuda es el amor a cualquier persona tal como es por mucho que se diferencie de mí.

En el sexto orden como ayudador, asiento a la situación de otro, exactamente como es o como fue, sin ningún tipo de lástima. Entonces gano en fuerza. A través de mí, también el otro gana en fuerza, al aceptar su pasado, tal como fue. El desorden se da cuando uno quisiera conservarlo de forma diferente a cómo fue. ¿Cómo se demuestra que el ayudador desea que hubiera sido diferente? Él consuela al otro. Consolar significa aquí: junto con el cliente lamentar lo sucedido.

Extracto de «El amor del espíritu» – B.Hellinger